Reflexión tras la tragedia en Limassol
La comunidad de Limassol aún se encuentra conmocionada tras el trágico suceso que cobró la vida de un joven de Bangladesh, quien cayó al vacío desde un quinto piso en medio de una redada policial. El apartamento, un espacio reducido donde el joven convivía con otros compatriotas, se convirtió en escenario de una fatalidad que ha resonado en toda la sociedad.
El caso no es aislado. Recordemos la lamentable historia de Oxana Radeva, quien también perdió la vida al caer de un quinto piso mientras intentaba huir del lugar en el que estaba retenida. Aquel incidente llevó a que nuestro país fuera condenado, evidenciando una vez más que las tácticas empleadas en las redadas policiales pueden terminar en resultados fatales.
La búsqueda de inmigrantes irregulares no debería poner en riesgo vidas humanas. Es imperativo que el Servicio de Extranjeros e Inmigración y la Policía, en general, implementen estrategias que garanticen la seguridad y los derechos de todas las personas involucradas. La urgencia de esta medida se hace eco en el clamor popular: no más víctimas desde el quinto piso.
La sociedad espera acciones concretas y humanitarias que prevengan futuras tragedias y que aseguren que la dignidad y el valor de la vida humana prevalezcan sobre cualquier operativo. El dolor de estas pérdidas debe ser el catalizador para un cambio significativo en el abordaje de la inmigración irregular.