San Francisco busca la reforma fiscal para revitalizar la economía local
En un giro sorprendente, la clase política de San Francisco ha logrado un consenso en torno a la reforma del impuesto de sociedades. La ciudad, que enfrenta un déficit presupuestario de mil millones de dólares y una ocupación de oficinas en el centro que apenas alcanza la mitad de los niveles de 2019, propone una reforma fiscal que promete beneficios para todos los sectores involucrados.
Grandes empleadores como Google han comenzado a abandonar el centro de la ciudad, lo que ha encendido las alarmas. En respuesta, la administración municipal ha presentado una propuesta de reforma tributaria que busca ofrecer previsibilidad fiscal a las grandes empresas, algunas de las cuales verían reducidos sus impuestos. Para las pequeñas empresas, la noticia es aún mejor: la mayoría quedaría exenta de pagar impuestos.
Con esta medida, San Francisco también busca reducir la dependencia de los ingresos provenientes de unas pocas corporaciones grandes. Además, se pospondrían los aumentos de impuestos previstos para el próximo año, ofreciendo un respiro adicional a las empresas locales. La propuesta cuenta con el apoyo de diversos actores, desde la alcaldesa London Breed hasta grupos empresariales y sindicatos.
Sin embargo, no todo es color de rosa. A pesar de ser un paso en la dirección correcta, la propuesta ha sido criticada por su complejidad y falta de transparencia. Tras semanas de negociaciones, lo que se ha obtenido es un arreglo complicado y no tan radical como sus proponentes quisieran hacer creer.
Entre los elementos claves del plan se encuentra un modesto recorte corporativo que eliminaría 42.9 millones de dólares en impuestos en 2022, una cifra que se espera aumente entre 50 y 60 millones anuales tras la implementación de la reforma. A pesar de esto, existe el riesgo de que las empresas continúen dejando San Francisco si no perciben un valor adecuado por los impuestos pagados.
Además, aunque se ha progresado en diversificar la base impositiva, las cinco principales empresas contribuyentes aún pagarían alrededor del 23% de los impuestos empresariales. Las medidas antinegocios, como el impuesto a los ejecutivos con salarios excesivos, aunque reducido, persisten y podrían seguir siendo un factor disuasorio para las grandes corporaciones.
La propuesta también mantiene un impuesto sobre la nómina, aunque modifica el enfoque hacia un sistema que grava más las operaciones realizadas dentro de San Francisco que el número de empleados. Sin embargo, este cambio no es tan radical como algunos negociadores hubieran preferido.
El hecho de que los ciudadanos deban votar sobre esta reforma fiscal en noviembre añade una capa adicional de complejidad al proceso. Se espera que los votantes evalúen los pros y contras sin necesariamente comprender completamente el extenso documento legislativo que se les presenta.
En resumen, San Francisco está tomando medidas para abordar sus desafíos fiscales y económicos, pero el cambio es lento y está lleno de compromisos. La paciencia de los ciudadanos se pone a prueba mientras la ciudad busca equilibrar las necesidades inmediatas con una visión a largo plazo para su recuperación económica.




