La diplomacia en punto muerto en Chipre
La enviada personal del secretario general de la ONU, Maria Angela Holguin, abandonó Chipre tras una reunión infructuosa con los líderes de la isla el lunes. Su encuentro con el líder turcochipriota Ersin Tatar fue particularmente breve, durando menos de 15 minutos, y dejó a Holguin expresando su sorpresa ante el rechazo público de Tatar a su propuesta para un encuentro con ella y el presidente Nikos Christodoulides.
“Nuestro objetivo debería haber sido darle una oportunidad a la diplomacia”, comentó Holguin al periódico Kathimerini. Por su parte, Tatar insistió en que la parte turcochipriota no se moverá de su posición sobre la igualdad soberana y el estatus internacional igualitario, al mismo tiempo que acusaba a Holguin de “violar sus términos de referencia”. Al establecer que no había un terreno común para la reanudación de las conversaciones, Tatar sugirió que la misión de Holguin había terminado.
Holguin ahora preparará un informe sobre su misión para el Secretario General Antonio Guterres, quien presumiblemente decidirá los próximos pasos. Queda en duda qué acción se puede tomar cuando no se ha podido persuadir a Tatar de acordar una reunión con Christodoulides. No se descarta la posibilidad de que Guterres ponga fin a la búsqueda de un terreno común antes del vencimiento de los seis meses de su misión.
Si el propósito de esta última iniciativa fallida era que Christodoulides ganara el juego de culpas y archivara el problema de Chipre por el resto de su presidencia, entonces ha tenido éxito. La negativa de Tatar a incluso acordar una reunión fue una prueba contundente de que una gran parte de la culpa por la continuación del punto muerto recae en él y en Turquía, que lo respaldó. Pero, ¿había convencido Christodoulides a Guterres para enviar un enviado personal solo para demostrar que el lado turco era culpable del estancamiento?
Es difícil decir si este era su objetivo. Quizás había esperado que hubiera un ablandamiento de la posición turca una vez que la enviada estuviera aquí. Esto no se materializó y él no estaba preparado para mostrar la flexibilidad –que algunos podrían haber visto como hacer concesiones– que habría roto el punto muerto. Holguin señaló claramente que Christodoulides tenía “una imagen muy clara de lo que podría desbloquear el proceso”, insinuando que él no estaba dispuesto a desbloquearlo. De cierta manera, ella estaba implícitamente culpando la falta de progreso a su negativa a desbloquear el proceso.
Lo que resulta desconcertante es que Christodoulides aseguró el nombramiento de un enviado personal, sabiendo muy bien que tendría que ser creativo y flexible para persuadir a Tatar de acordar la reanudación de las conversaciones, pero una vez que ella llegó, no hizo nada para ayudarla a lograr un avance. Estaba bajo la ilusión de que la mera presencia de un enviado de alguna manera persuadiría a Tatar y Turquía a acordar una reanudación de las conversaciones, sin ningún movimiento por su parte.
¿Fue esto un terrible cálculo erróneo o era esto lo que él quería: la capacidad de culpar al lado turco por el continuo punto muerto?




