La Nostalgia en la Política: Estrategia de Manipulación
En el escenario político actual, líderes como Donald Trump, Giorgia Meloni y Recep Tayyip Erdoğan comparten un tema común: la nostalgia por un pasado idealizado. Trump insiste en que América debe ser grande de nuevo, mientras que el manifiesto del partido Hermanos de Italia, liderado por la primera ministra Giorgia Meloni, habla de la necesidad de abrazar y retener su glorioso patrimonio. Por su parte, Erdoğan no pierde oportunidad para alardear sobre la majestuosa historia de Turquía.
Estos líderes y sus partidos evocan el pasado de una manera particular, anhelando los “buenos viejos tiempos”. Pintan un cuadro de una época en la que todo era más hermoso, las sociedades eran más íntegras y morales, y la vida tenía significado. Sin embargo, la nostalgia casi siempre implica una visión idealizada del pasado. Con el tiempo, tendemos a olvidar lo desagradable y recordamos predominantemente lo agradable.
Un intelectual ruso comentó una vez lo divertido que le resultaba la insistencia de sus amigos en que sus vidas eran mejores durante la Unión Soviética. “Éramos jóvenes, sintiendo que teníamos todo el futuro por delante. Bebíamos, íbamos de fiesta en fiesta, teníamos sexo sin preocupaciones. Ahora, cuando nos encontramos, contamos quién ha muerto, hablamos sobre nuestras enfermedades y competimos sobre quién toma más pastillas. Por supuesto, nuestras vidas en aquel entonces eran mejores”.
Según el neurocientífico Charan Ranganath, la nostalgia puede ser una herramienta política. Si bien es beneficiosa cuando los recuerdos positivos nos hacen sentir mejor, se vuelve perjudicial cuando un pasado glorificado distorsiona nuestra percepción del presente.
Los políticos autocráticos están dispuestos a explotar esto, especialmente durante tiempos difíciles. Se esfuerzan conscientemente en capitalizar la nostalgia, distorsionando la historia para manipular a la gente. Presentan un presente sombrío lleno de problemas y lo contrastan con un pasado resplandeciente donde la vida era mejor. Y, por supuesto, prometen que solo ellos pueden traer de vuelta los “buenos viejos tiempos”.
Utilizan esta añoranza de los “viejos tiempos” como herramienta política estratégica para manipular a la gente distorsionando la historia y prometiendo traer de vuelta una época que en realidad nunca existió. Así, el uso de la nostalgia en política es estratégico. El hecho de que aquellos que la emplean parecen capitalizar en las elecciones demuestra su efectividad como herramienta. Pero también es un método peligroso de obfuscación y desinformación.
Los manifiestos electorales típicamente contienen promesas para el futuro. Sin embargo, los líderes autocráticos hacen promesas sobre el pasado. Promesas que no pueden cumplirse, no solo porque el pasado romantizado que imaginan nunca existió realmente, sino principalmente porque la vida no retrocede; avanza.




